Como cada Último Lunes de octubre, en Gernika ayer no cabía ni un alfiler. El buen tiempo y la contención de los precios se tradujeron en una exitosa jornada festiva a la que acudieron unas 100.000 personas, según fuentes municipales, con ganas de disfrutar de la principal feria agrícola vasca. Los productores apreciaron un nivel de ventas mejor al registrado en 2009.

Esta edición deparó dos récords. El primero llegó con la tradicional subasta de queso. El restaurante Taskas de Mungia pagó 7.700 euros por medio queso de Idiazabal, superando los 5.000 euros del año pasado, hasta ahora el máximo histórico.

El segundo se refirió al número de puestos. Este año se instalaron 335, un total de 36 más que en 2009, repletos de quesos, hogazas de pan recién horneado, dulces, hortalizas y frutas, miel, sidra, txakoli, flores o conservas. Y quedaba espacio para productos novedosos, como las patatas fritas ecológicas, a 70 céntimos la bolsa pequeña. La mayoría se hallaban repartidos entre las calles Juan Kalzada, Artekale e Industria y en el Pasealeku.

Si el concejal de Ferias de Gernika, Iñaki Gorroño, hacía un balance “muy positivo”, los vendedores no se quedaron atrás. “La crisis se sigue notando un poco, pero hemos mantenido los precios del año pasado y las ventas están siendo buenas”, apuntaba Arantza Zubia desde su puesto de hortalizas. Esta baserritarra, natural de Mallabia, se felicitaba de la llegada de tres autobuses cargados de personas procedentes de Oñati. El entusiasmo de Zubia mostraba que los vecinos de esa localidad guipuzcoana son buenos clientes de la feria.

Malen García, vecina del municipio alavés de Araia, reordenaba sus compras en varias bolsas tras adquirir una hogaza de pan en el puesto de Jesús Beitia, de Elorrio, por 3,5 euros. “Es cierto que los precios son de por sí algo altos, pero es que la calidad hay que pagarla. Una vez al año merece la pena sacar la cartera”, señalaba antes de partir hacia la estación de Euskotren tras una agotadora jornada de puesto en puesto.

Las txosnas congregaron, como siempre, a enormes grupos de amigos y familias que degustaban talos con chorizo acompañados de sidra o txakoli. Los puntos de venta de maquinaria agrícola, las pruebas de bueyes y los partidos de pelota completaron el nutrido programa de actividades.

Los Premios Kaiku, concedidos por la asociación guipuzcoana Artzai Gazta para distinguir a aquellas personas y entidades que trabajen a favor del queso Idiazabal, así como de la gastronomía y la cultura vascas, fueron a parar a Eli Gorrotxategi de la Quesería La Leze -galardón de oro-, el Ayuntamiento de Gernika, la Fundación Euskaltel Euskadi y el cocinero Aitor Elizegi -plata todos ellos-.

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